Cuando esperamos un bebé, surgen muchas expectativas, dudas y temores respecto a la crianza del niño/a que está por nacer, muchos padres estamos atentos a escuchar y aprender de las experiencias de otros, a leer literatura sobre el tema, a preguntar a los expertos en crianza, a los pediatras, a los psicólogos entre otros.
Cuando nace nuestro hijo o hija, lo miramos y tratamos de buscar semejanzas o diferencias “se parece a su papá”, “se parece a su mamá”, “se parece al abuelo”, etc. Vemos en ellos/as, rasgos genéticos y muchas veces nos vemos a nosotros mismos reflejados en nuestros hijos.
De pronto si el bebé llora mucho o se queja demasiado, entonces decimos, este “bebé es terco como su papá” o si no también podemos decir “a este bebé nadie lo va callar, él sabe reclamar desde pequeño se parece a su mamá”. “Mi bebe es un dormilón o le cuesta dormir, come mucho o come poco, es inquieto o es tranquilo, etc”.
Los padres sabemos que nuestros hijos son diferentes, aunque no estemos muy seguros porqué, pero sabemos que han heredado muchos rasgos y comportamientos de nosotros y que están aprendiendo mucho. Además con el correr del tiempo vemos sus cambios y vemos como están creciendo, pensando o sintiendo.
Lo que muchas veces no estamos muy seguros es conocer si nuestra crianza también tiene que ver con la forma de ser de nuestros hijos, si lo que hacemos repercute en su personalidad, en su temperamento, en su autonomía o su estado físico o psicológico.
Lo que los padres o las personas que están al cuidado de los niños, hagan o dejen de hacer repercuten positiva o negativamente en el desarrollo del niño. A esto Shonkoff J. (2000) le llama la calidad de los cuidados. La calidad de los cuidados tiene que ver lo que los padres pueden saber, es decir “qué hacer”, también está relacionado al cómo hacer y en qué momento hacer aquello que impacte positivamente en el bebé.
Las experiencias que los niños reciban de su entorno inmediato facilitará o no su aprendizaje, sobretodo, porque el cerebro del bebé está en formación y Allan Schore (2000) señala que el cerebro del bebé pasa por un proceso de construcción social, son las interacciones afectivas, las miradas, el diálogo verbal y no verbal, las caricias, el tocamiento, la aproximidad física en el día y/o en la noche, influyen directamente en el desarrollo del bebé y en su expresión genética.
El desarrollo infantil se concibe claramente como un proceso que sigue una línea de maduración y que combina diversos aspectos: motriz, cognitivo, afectivo, algunos incluyen social y moral.
Cada niño es un ser único e irrepetible y cada padre o madre aprende junto con su hijo a relacionarse con él a reconocer sus necesidades y demandas. Cada palabra, cada gesto, cada sonrisa, es diferente para cada niño, la capacidad de respuesta e iniciativa de cada niño nos dirá que tan importante es para su vida.
Responder a cada niño, requiere de nosotros paciencia, tolerancia y mucho amor, tratemos por tanto de trasmitir en cada niño seguridad para que se sienta libre y pueda desarrollar al máximo sus capacidades.
El respeto a nuestros hijos es una forma de comenzar a comprender que es un ser diferente a nosotros, el respeto es comprender que tiene su propio ritmo de desarrollo y que también requiere conocer por sí mismo las cosas que lo rodean, adaptarse a su entorno y aceptar o rechazar lo que se le ofrece porque también puede decidir.
Nosotros los padres y los cuidadores somos los que acompañamos a nuestros hijos a crecer, no lo moldeamos como a cada quien nos parece mejor, nuestra misión es crear las condiciones para que ellos puedan desarrollarse de la mejor manera posible.
El trato que reciban nuestros hijos desde muy pequeños repercutirá en su salud mental y en su vida futura, somos nosotros una gran referencia para nuestros hijos, por tanto nuestras actitudes y prácticas serán el ejemplo que ellos verán y seguirán.
jueves, 9 de septiembre de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
El afecto como base del desarrollo infantil

Una buena relación de apego entre un adulto y un bebe sienta las bases del desarrollo.
Por Dra. María Teresa Moreno Zavaleta
Según sean las características de los adultos, su sensibilidad sobre todo, puede desarrollar en el bebe un apego seguro o un apego patológico (inseguro o desorganizado)
Las investigaciones nos demuestran que el apego seguro lleva a un mayor resultado en el desarrollo físico, emocional y cognitivo, mientras que los niños con apego inseguro crecen con más problemas sociales (relacionarse con otros) y los niños con apego desorganizado son proclives a mayor riesgo de psicopatologías.
El apego seguro es una relación especial entre el bebe y su mamá o quien lo cuida que evoluciona en el transcurso del primer año de vida. El apego no solo implica la existencia de un “lazo afectivo” sino que también se caracteriza por la regulación de la emoción del bebé.
La llegada de un bebe transforma nuestras vidas aún si hemos sido personas que no hemos recibido afecto podemos prepararnos para aprender a dar efecto interactuando con nuestro bebe. A medida que sentimos como el bebe responde a nuestras expresiones de afecto y cuidado nos hacemos mejores personas.
Los adultos podemos aprender como establecer un vínculo afectivo seguro con nuestro bebe. Este aprendizaje requiere entrenamiento y apoyo.
Hay cinco prácticas claves que nos permiten fortalecer el vínculo afectivo:
1. Contacto precoz, piel a piel inmediatamente después del parto.
2. Lactancia materna, asegurando un inicio temprano en la primera hora de nacido y manteniendo la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y continua hasta los dos años de edad.
3. Promoviendo permanentemente la interacción afectiva a través de la interacción cara a cara, la mirada, los gestos, la comunicación no verbal y verbal, dialogando con el bebe, hablando y callando (haciendo una pausa) para escuchar las respuestas del bebe cada vez que le hablamos.
4. Jugando con el bebe, a través de cantos, cuentos y utilizando diferentes juguetes que pueda explorar y manipular. Cargarlo, mecerlo, pasear con el bebe.
5. Practicando diariamente un tiempo para realizar masajes infantiles, que promueva el respeto y la tolerancia. Respetando su sueño y permitiendo que el bebe disfrute del masaje siendo también este un espacio de interacción, observación, juego y comunicación.
Recordemos que no sólo las mamás pueden brindar afecto, también debe participar el padre, los hermanos mayores y otros miembros de la familia, a más interacciones mayores será su riqueza de experiencias que marcaran sus vidas, es importante que las familias numerosas refuercen un mismo patrón de apego, de lo contrario puede ocasionar confusión e inseguridad en el bebe.

La privación afectiva trae como consecuencia niños y niñas inseguras, inestables, altera el sistema inmunológico (de defensa) y se enferma más.
Asimismo la negligencia y el descuido ocasiona menor atención al bebe, bajo peso y puede llevarlo a la desnutrición crónica o malnutrición infantil (este es el tema que actualmente estoy investigando).
Una sobreprotección o madres con ansiedad o estresadas trasmiten sus estados anímicos a sus bebes haciéndolos más llorones e irritables.
Una mamá que desea establecer un buen apego debe enseñar a su bebe a sobreponerse rápidamente a situaciones estresantes como por ejemplo a la vacuna. Los bebes con apego inseguro no pueden reponerse por sí mismo a situaciones estresantes, generando en muchos casos angustia y desesperación.
Los bebes que son privados de buenos tratos, de cariño y diversas expresiones de afecto, tendrán muchos problemas para valerse por sí mismos y relacionarse con los demás, la inseguridad no le permitirá explorar con libertad y mejorar sus capacidades intelectuales.
Por último recordemos que el afecto se da en todo momento, no es algo subliminal o inalcanzable, es algo concreto, los bebes provistos de afectos tienden a ser más comunicativos con sus padres y desarrollan mayores capacidades para enfrentarse a la vida.
domingo, 15 de agosto de 2010
La UNLP estudia cómo mejorar la leche materna

Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Ciencias Médicas
08 de Febrero de 2010
Según datos oficiales, en Argentina el 60 por ciento de los niños sufre de anemia. Frente a ese escenario, un grupo de científicos puso en marcha un proyecto de investigación destinado a mejorar la calidad de la leche materna y promover la lactancia como alimento exclusivo durante los primeros seis meses de vida. Además de proteger al niño frente a muchas enfermedades como bronqueolitis, neumonía, meningitis, o síndrome de muerte súbita, la lactancia materna resguarda de enfermedades futuras como asma, obesidad y diabetes.
El proyecto Lactancia Materna en Argentina, de la Universidad Nacional de La Plata, aborda la influencia de factores culturales, económicos, educativos y sanitarios en la evolución de los neonatos durante sus primeros años de vida. La investigación es dirigida por la doctora Nora Mestorino y el doctor Gustavo Marín, ambos docentes de la cátedra de Farmacología Básica de la Facultad de Medicina de la UNLP.
Para Mestorino, hay dos grandes factores que determinan el desarrollo normal de los niños: la calidad de la leche materna y el amamantamiento exclusivo durante los primeros seis meses de vida. Los investigadores recolectaron cerca de 4 mil muestras de leche de madres que asisten a las diferentes salas sanitarias de la región, con el fin de analizar la calidad de la leche. Además, tomaron muestras en el Servicio de Donación del Policlínico San Martín de la ciudad de La Plata. Los ensayos bioquímicos realizados sobre las muestras permitirán contar con un diagnóstico certero acerca de sus características nutricionales.
Mestorino explicó a InfoUniversidades que “aquellas madres que provienen de los sectores más vulnerables de la población sufren déficit nutricionales importantes derivados de su escasa o mala alimentación; esto tiene consecuencias directas sobre la calidad de la leche y, como consecuencia, sobre el desarrollo psico motriz del lactante”.
Uno de los objetivos fundamentales del proyecto es lograr detectar estos casos de déficit nutricional para luego, sobre la base de un diagnóstico certero, diseñar planes de alimentación que permitan mejorar el perfil nutricional de las madres. “El análisis científico de la realidad nos va a permitir planificar con rigurosidad un esquema de nutrición superador, que luego podría incorporarse a las diferentes políticas de asistencia social que llevan adelante los organismos oficiales de gobierno”.
La leche materna, irremplazable
La investigación también centra la mirada en la promoción de la lactancia materna como alimento exclusivo en los primeros seis meses de vida de los niños. Sin embargo, los investigadores señalaron que son muchas las madres que no cumplen con esta recomendación.
La especialista de la UNLP detalló que las mamás dejan de amamantar pronto por diferentes razones: por la vuelta al trabajo, por desconocimiento, e incluso por cuestiones estéticas o de moda. “Las madres tienen que saber que hay elementos que son sustanciales para el desarrollo normal de los chicos y que sólo están presentes en la leche materna” enfatizó Mestorino. Incluso agregó que “ni siquiera las leches maternizadas de las mejores marcas pueden garantizar un desarrollo saludable porque no poseen los anticuerpos que sí tiene la leche materna para fortalecer el sistema inmunológico del bebé”.
En la zona del Gran La Plata hay alrededor de unos 12 mil nacimientos por año. Si se garantiza una correcta alimentación para los recién nacidos, se está haciendo una inversión de cara al futuro. “Un bebé bien alimentado va a tener muchísimas menos posibilidades de desarrollar enfermedades respiratorias, problemas motrices, anemia; incluso está probado que la calidad de la lactancia puede llegar a incidir en el desempeño intelectual de los niños”.
La docente de la Facultad de Ciencias Médicas advirtió que aún no hay políticas de Estado sólidas que fomenten la lactancia materna. Por ello, el proyecto también incluye charlas y talleres de información y concientización con madres y embarazadas que se desarrollan en diferentes centros municipales de la región.
El aporte de la UNLP
Casi un centenar de trabajadoras no docentes de la casa de estudios platense ya se benefician con el régimen de licencia extraordinario por maternidad dispuesto por la presidencia de esa casa de estudios, en conjunto con el gremio que nuclea a los trabajadores.
La UNLP se transforma así en la primera institución del país en efectivizar esta medida que extiende la licencia por maternidad treinta días antes de la fecha probable de parto hasta seis meses a contar desde el día del nacimiento del hijo, que permite a las madres amamantar y cuidar a su bebé en el seno del hogar durante los primeros 6 meses de vida. “La leche materna contiene todo lo que el niño necesita durante este período de vida y no es necesario agregar ningún otro alimento”, remarcó Adolfo Brook, director de Salud de la Universidad platense. Y agregó: “Es el mejor alimento que una madre puede ofrecer, no sólo por su composición, sino también por el vínculo afectivo que se establece entre la madre que amamanta y el bebé que es amamantado”.
“La leche materna protege al niño frente a muchas enfermedades tales como catarro, bronqueolitis, neumonía, diarreas, otitis, meningitis, infecciones urinarias, enterocolitis necrotizante o síndrome de muerte súbita del lactante pero, además, lo resguarda de enfermedades futuras: asmas, alergia, obesidad, enfermedades inmunitarias como la diabetes, la enfermedad de Crohn o colitis ulcerosas y arterioesclerosis o infarto de miocardio. Además favorece el desarrollo intelectual”, cerró Brook.
Eduardo Spinola
espinola72@gmail.com
Unidad de Prensa de la UNLP
Dirección General de Comunicación y Medios
Universidad Nacional de La Plata
Fuente: http://infouniversidades.siu.edu.ar/noticia.php?id=909
viernes, 13 de agosto de 2010
Las madres que inundan a sus hijos de cariño los preparan frente a los problemas

ANNA GRAU / CORRESPONSAL EN NUEVA YORK
Día 28/07/2010
Que un niño reciba más o menos cariño de su madre en las primeras etapas de la vida no sólo determina que sea un niño más feliz sino que sea un adulto más sano treinta años más tarde. La ciencia ha conseguido probar por primera vez lo que hasta ahora sólo se suponía: que el amor de madre es un escudo frente al fracaso escolar y social y las enfermedades. Sobre todo las mentales.
No hay que ser un lince para pensar esto. Pero una cosa bien distinta es encontrar evidencia científica de ello. Hasta ahora todos los estudios del amor maternal se basaban en lejanísimas memorias de la relación madre-hijo. Por primera vez esta ha podido ser testada en vivo y en directo.
¿Cómo? Pues gracias a la participación hace muchos años de 482 personas en un proyecto de colaboración prenatal en Rhode Island, Estados Unidos, cuyos datos han podido ser aprovechados e interpretados por un equipo de la Duke University en Carolina del Norte, dirigido por la investigadora Joanna Maselko. Los resultados se publican esta semana en la prestigiosa Revista de Epidemiología y Salud Comunitaria.
El gran interés suscitado por este estudio se debe sobre todo a su novedad metodológica. Madres e hijos de ocho meses interactuaron en los años 70 ante psicólogos que testaban en directo si la transmisión de afecto maternal era baja, normal, alta o incluso extravagante.
Se da el dato curioso de que algunos casos en que el psicólogo estimó que un niño había recibido un nivel de afecto bajo, el niño en cuestión, interrogado al llegar a adulto, aseguraba haberlo recibido no alto pero sí normal. Esto puede deberse a varios factores, por ejemplo al hecho de que ninguna madre verdaderamente abusiva aceptara participar en un experimento así.
En declaraciones a ABC, Joanna Maselko admite que este factor limita la lectura literal del estudio pero no su alcance, ya que existe bien poca duda de que los niños criados en hogares fuertemente disfuncionales tienen todas las posibilidades de acabar
siendo adultos disfuncionales. De lo que se trataba aquí era de precisar la delicada pauta por la que un déficit de amor en la infancia se transforma en un futuro déficit cuantificable, es decir, previsible y tratable de salud pública.
Por ejemplo: la resistencia a la ansiedad puede llegar a variar hasta 7 puntos entre los niveles de afecto más altos y más bajos. Las variaciones en la tendencia a la hostilidad pueden ser de 3 puntos y en la propensión al malestar general (timidez, retraimiento, falta de autoestima y de competencia social) el desnivel habitual ronda los 5 puntos.
Joanna Maselko insiste en que estos estudios pretenden abrir caminos, no cerrar puertas a nadie. Un niño que no haya recibido suficiente afecto en los primeros meses queda indudablemente marcado; pero nadie ha dicho que eso ya tenga que ser para siempre. No hay nada en este estudio que permita afirmar que el daño causado no pueda tener remedio más adelante, concluye, enfática.
También enfatiza que a título personal ella no tiene ninguna duda de que si en lugar de con madres este estudio se hubiera hecho con padres, o mezclando progenitores y cuidadores de los dos sexos, el resultado seguramente será el mismo. Si sólo se ha hecho con madres es porque se depende de datos recabados hace treinta años, cuando a nadie se le ocurrió investigar el amor padre-hijo. Todo llegará.
Fuente:http://www.abc.es/20100728/sociedad/contra-ansiedad-amor-madre-20100728.html
Más información en : http://informe21.com/revista-epidemiologia-salud-comunitaria
LA IMPORTANCIA DE LOS VÍNCULOS AFECTIVOS CON NIÑOS Y NIÑAS
El principal vínculo y el más duradero de todos es habitualmente el que se da entre madre e hijo, y hablamos de un vínculo afectivo cuando se crea una relación basada en un amor recíproco entre ambos. Este vínculo será la base para las futuras relaciones que el niño ó niña tendrá con las demás personas a lo largo de su vida.
Desde que el bebé está en el vientre, la madre empieza a relacionarse con el bebé, siente sus movimientos, sus pataditas, le habla y comienza a pensar y a crearse imágenes sobre él, posteriormente cuando el bebé nace, la madre sentirá la necesidad tenerlo en sus brazos, de contemplarlo, acariciarlo, mecerlo y protegerlo. El contacto corporal, el intercambio de miradas y sonrisas entre la madre y el bebé y todas las expresiones de afecto entre ambos son las que irán formando el vínculo madre-hijo.
El vínculo entre madre e hijo se produce como consecuencia de las repuestas de la madre al niño. El bebé empieza a reconocer y diferenciar a la persona que lo acompaña y lo cuida siempre, posteriormente mostrará preferencia por esa persona, estará contento con su compañía y se molestará cuando se ausente.
Las investigaciones indican que un vínculo seguro entre la madre y el niño durante la infancia influye en su capacidad para tener relaciones sanas a lo largo de su vida. Por el contrario, la baja autoestima, la vulnerabilidad al estrés y los problemas en las relaciones sociales están asociados con vínculos poco sólidos. Si las experiencias de vínculo han sido negativas y graves, el ser humano es más propenso a desarrollar trastornos psicopatológicos. Son las interacciones madre-niño las que influyen en el desarrollo socio-emocional y en la conducta actual y futura de niños y niñas.
La construcción de un vínculo afectivo seguro implica expresar el afecto, hacer sentir al niño o niña amado y especial, es decir hacerle sentir aceptado.
Para que un niño o niña se desarrolle y madure ha de sentirse querido y comprendido. Es por este motivo que es fundamental que la madre, el padre u otras personas adultas a cargo de su cuidado logren sintonizar con su estado emocional y comunicarse con él o ella.
El bebé, a través del llanto, movimientos bruscos, sonrisas y otras señales no verbales expresa cómo se siente y los padres o cuidadores debiesen interpretar la necesidad que se encuentra a la base: contacto físico, comida, cambio de pañales, juego o bien otras posibilidades. El bebé no conoce otra manera de comunicarse y muchas veces ni siquiera sabe lo que quiere. Sin embargo, responder a su comunicación emocional impide que el niño se sienta desamparado.
Es necesario recordar que:
El vínculo se construye, siendo necesario que madres, padres, hijas e hijos, pasen tiempo juntos para conocerse generando un espacio de intimidad en el que se les ofrezca seguridad, protección y cuidado. Un vínculo afectivo adecuado provoca en niños y niñas sentimientos de seguridad y estabilidad en la relación con sus madres, padres o cuidadores sustitutos y lleva implícito el mensaje de “te apoyaré pase lo que pase”.
Fuente: http://www.junji.cl/junjijoomla/index.php?option=com_content&task=view&id=2783&Itemid=447
Desde que el bebé está en el vientre, la madre empieza a relacionarse con el bebé, siente sus movimientos, sus pataditas, le habla y comienza a pensar y a crearse imágenes sobre él, posteriormente cuando el bebé nace, la madre sentirá la necesidad tenerlo en sus brazos, de contemplarlo, acariciarlo, mecerlo y protegerlo. El contacto corporal, el intercambio de miradas y sonrisas entre la madre y el bebé y todas las expresiones de afecto entre ambos son las que irán formando el vínculo madre-hijo.
El vínculo entre madre e hijo se produce como consecuencia de las repuestas de la madre al niño. El bebé empieza a reconocer y diferenciar a la persona que lo acompaña y lo cuida siempre, posteriormente mostrará preferencia por esa persona, estará contento con su compañía y se molestará cuando se ausente.
Las investigaciones indican que un vínculo seguro entre la madre y el niño durante la infancia influye en su capacidad para tener relaciones sanas a lo largo de su vida. Por el contrario, la baja autoestima, la vulnerabilidad al estrés y los problemas en las relaciones sociales están asociados con vínculos poco sólidos. Si las experiencias de vínculo han sido negativas y graves, el ser humano es más propenso a desarrollar trastornos psicopatológicos. Son las interacciones madre-niño las que influyen en el desarrollo socio-emocional y en la conducta actual y futura de niños y niñas.
La construcción de un vínculo afectivo seguro implica expresar el afecto, hacer sentir al niño o niña amado y especial, es decir hacerle sentir aceptado.
Para que un niño o niña se desarrolle y madure ha de sentirse querido y comprendido. Es por este motivo que es fundamental que la madre, el padre u otras personas adultas a cargo de su cuidado logren sintonizar con su estado emocional y comunicarse con él o ella.
El bebé, a través del llanto, movimientos bruscos, sonrisas y otras señales no verbales expresa cómo se siente y los padres o cuidadores debiesen interpretar la necesidad que se encuentra a la base: contacto físico, comida, cambio de pañales, juego o bien otras posibilidades. El bebé no conoce otra manera de comunicarse y muchas veces ni siquiera sabe lo que quiere. Sin embargo, responder a su comunicación emocional impide que el niño se sienta desamparado.
Es necesario recordar que:
El vínculo se construye, siendo necesario que madres, padres, hijas e hijos, pasen tiempo juntos para conocerse generando un espacio de intimidad en el que se les ofrezca seguridad, protección y cuidado. Un vínculo afectivo adecuado provoca en niños y niñas sentimientos de seguridad y estabilidad en la relación con sus madres, padres o cuidadores sustitutos y lleva implícito el mensaje de “te apoyaré pase lo que pase”.
Fuente: http://www.junji.cl/junjijoomla/index.php?option=com_content&task=view&id=2783&Itemid=447
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