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miércoles, 5 de agosto de 2009

Depresión a los tres años

Un estudio, patrocinado por el Gobierno de Estados Unidos, demuestra que la depresión en niños de corta edad no es un trastorno pasajero. Afecta al 2 por ciento entre los 3 y los 6 años.
N. RAMÍREZ DE CASTRO MADRID
La infancia no siempre es ese estado de feliz inconsciencia. Una provocadora investigación de la Universidad de Washington concluye que la depresión es un problema real en los más pequeños, en niños entre los 3 y los 6 años. Realizado con el apoyo del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, es el primer estudio que demuestra que la depresión también es un trastorno crónico en la primera infancia. Los detalles se publican en la revista especializada «Archives of General Psychiatry».
A Javier San Sebastián, responsable de la Unidad de Psiquiatría Infantil del Ramón y Cajal de Madrid, la conclusión de la investigación estadounidense no le sorprende: «La depresión infantil es más común a partir de los 8 años y en la adolescencia, pero también existe a edades más tempranas. El problema es diagnosticarla. Se enmascara con síntomas físicos -dolores de cabeza, falta de apetito...- o de conducta, con problemas de comportamiento o escolares. Si no se identifica y se actúa, la depresión puede dejar una huella en su desarrollo».
Fuente: ABC.es
http://www.abc.es/20090805/nacional-sociedad/deprimidos-tres-anos-20090805.html

viernes, 3 de julio de 2009

La Depresión en la Adultez, se origina en la infancia

Friday, 03 July 2009 15:20 El ComercioNewspaper

Según el académico de la UNAM, Jorge Alfonso Valenzuela Vallejo, el 95 por ciento de los casos de depresión se originan en la infancia. El académico expuso su punto de vista durante una conferencia titulada “Depresión: causas, consecuencias y prevención”.
Valenzuela expuso que durante la infancia se gestan el 95% de los casos depresivos, y que éstos repercuten en la adolescencia o en la adultez, mientras que el otro cinco por ciento se explica por cuestiones metabólicas o aspectos como traumatismos, problemas de hipertiroidismo, hormonales o cardiovasculares, entre otros.
Por lo anterior el académico sugiere remitirse a la primera infancia, y examinar las necesidades básicas que no se cubrieron en esa etapa, ya que podrían provocar daños en fases posteriores.
Valenzuela define la depresión como la incapacidad de identificar, percibir y expresar sentimientos; por lo tanto, desde la niñez se gestan factores que desencadenarán el padecimiento.
Según comenta el académico, “en los sistemas capitalistas, se crea la necesidad de poseer bienes materiales y se dejan de lado los asuntos relacionados con la naturaleza del hombre. Entonces, se genera un proceso de deshumanización y lo único que importa a los padres es que el pequeño sea bien portado, obtenga buenas calificaciones, sea obediente y cubra las expectativas de sus progenitores, la sociedad o la escuela.”
Valenzuela señala también la importancia de que un bebé pueda establecer lazos con una figura constante, una relación significativa basada en el afecto, que le permita adquirir confianza básica y desarrollar sus potencialidades. Según indica, “el afecto es importante para relaciones futuras y para no ser una persona desconfiada y aislada”.
El experto señaló que a partir de la relación con los demás, los seres humanos se conocen a sí mismos en una función de espejo:” si el infante ve a la madre sonreír, se sentirá querido, reconocido y adquirirá confianza y será capaz de identificar lo que siente”, comentó.
En caso contrario, si la progenitora está molesta o deprimida, el niño construirá una imagen de sí mismo donde sólo cubrirá las expectativas que se le impongan, ajenas a los sentimientos, pensamientos y deseos propios.
Otros factores que contribuyen son: la violencia intrafamiliar, el abuso sexual, estrés, ausencia de la madre, pérdidas familiares o personas cercanas. En esta etapa, se empiezan a gestar los factores que más adelante desencadenarán en depresión o en distimia (tristeza moderada pero continua que por momentos se agudiza pero se sobrelleva), destacó.
Los principales síntomas de la depresión son: alteraciones en el sueño (dormir mucho o poco); sensación de pesadez, agobio o molestia al despertar; la minusvalía (autorreproches por sentirse incapaces o víctimas); alteraciones en la alimentación (se deja de comer o se tienen arranques compulsivos), incluso sentimientos de desprecio por la vida.